viernes, 18 de enero de 2013

BARCELONA EL ORO Y LA PLATA

Haremos un breve repaso por la ceca de Barcelona, sus acuñaciones en oro y plata, trabajadores y herramientas……



La restauración del absolutismo en 1814 implicó la paralización de la producción monetaria catalana. Los liberales del Trienio promulgaron (por decreto de 21 de junio de 1821) una reforma monetaria que tenía por objeto adecuar el sistema a las nuevas realidades derivadas de la pérdida del Imperio colonial.
Esta reforma implicó, además, la reapertura de la casa de la moneda de Barcelona. Las acuñaciones efectuadas por la ceca barcelonesa durante el bienio de 1822-23 fueron considerables, aun cuando una parte del metal acuñado durante este período procedió, posiblemente, de incautaciones de objetos de culto ( en aplicación de la legislación desamortizadora de los bienes del clero regular) y, en la fase final del régimen, de requisas en iglesias. La nueva restauración del absolutismo (en 1823) comportó un nuevo cierre de la ceca de Barcelona y un viraje radical en el ordenamiento del sistema monetario. La contrarreforma monetaria promulgada por decreto de 20 de agosto de 1824 impuso una drástica reducción de los precios de compra de los metales.

Ya a partir de comienzos de la década de 1830, el nuevo comercio americano trajo consigo crecientes entradas netas en Barcelona de monedas de oro acuñadas en Ultramar no habilitadas para circular en España. Este flujo monetario se debía a que los capitanes o consignatarios de los buques dirigidos a aquellos puertos reciben en pago de la venta de sus cargamentos.


Tan bien se produjeron cuantiosas entradas netas de dinero (sobre todo francés) que contribuyeron a incrementar la insignificante producción monetaria española.

Sabemos que la expansión de las acuñaciones a partir de 1832 estuvo relacionada con el aumento de la producción de moneda de oro, mientras que el monedaje de plata se mantuvo en cotas muy bajas a excepción de la notable recuperación que experimentó durante el sexenio de 1836-41. La escasa acuñación de plata en el curso de este período queda bien reflejada en el hecho de que el 74,6 % del valor total de la moneda con valor intrínseco producida por las cecas españolas correspondió a la moneda de oro, mientras que el valor de la de plata se redujo al 25,3 restante. Por otra parte, la acuñación española habría sido aún muy inferior si no se hubiera producido la reapertura, a partir de 1836, de la casa de moneda de Barcelona, a cargo de la Diputación barcelonesa, de legalidad, por lo menos, dudosa que implantó unas tarifas para la compra de metales sensiblemente más elevadas que las vigentes en las cecas gubernamentales de Madrid y de Sevilla.

Esta circunstancia determinó que entre 1837 y 1848 se acuñara, en Barcelona, moneda de oro y de plata por valor de 7.002,5 miles de duros equivalentes al 54,9 % de la acuñación total española del período, cifrada en 12.739,5 miles de duros, y que en la ciudad condal se batiera el 67,5 % de la moneda de oro y el 12,4 % de la de plata de la producción total española.

Pero todo esta producción habría sido todavía más reducida de no haberse producido
la reapertura de la ceca de Barcelona en 1836. La casa de la moneda de Barcelona se cerró por orden gubernamental en 1823, pero conservó toda la maquinaria y útiles de que disponía. En respuesta a las demandas del gobierno, los troqueles se enviaron a Madrid, pero, en cambio, no se cumplieron, primero, las órdenes de enviar las máquinas, y, después las disposiciones de proceder a la venta de las máquinas y herramientas existentes en la ceca barcelonesa, ( posiblemente no se vendieron para aprovechar futuras circunstancias políticas para reabrir la ceca).

La Junta de Armamento y Defensa –organizada bajo los auspicios de la Diputación y del Ayuntamiento de Barcelona después de la proclamación de la constitución de 1812, dispuso en agosto de 1836 la reapertura de la casa de la moneda con objeto de acuñar calderilla y ayudar a financiar la guerra con los beneficios derivados de su emisión.

Las acuñacionesde calderilla se iniciaron el 11 de septiembre de 1836, y la ceca quedó bajo control y responsabilidad de la Diputación de Barcelona, que nombró una comisión gestora presidida por Joan Reynals, la dirección del establecimiento en su
vertiente técnica se encomendó a Francesc Paradaltas. El siguiente paso consistió
en la reanudación de las acuñaciones de moneda de oro y de plata, que tuvo lugar el 1 de febrero de 1837. El Gobierno reaccionó y promulgó una Real Orden (en diciembre de 1836) en la que dispuso el inmediato cierre de la ceca barcelonesa, pero la Diputación de Barcelona alegó la imposibilidad de cumplir esta disposición a causa de la necesidad de socorrer al ejercito.
La necesidad de mantener en actividad la ceca catalana se justificó por la llegada a Barcelona, en 1830 una notable cantidad de oro de Ultramar, ya que este oro no podía dirigirse a Madrid y a Sevilla por los elevados costes de transporte.

Como nota podemos decir que la existencia en manos del público a partir de comienzos de la década de 1840 de un volumen de moneda con valor intrínseco suficientemente cuantioso era una condición indispensable para auspiciar que la élite de los comerciantes barceloneses se pudiera plantear, en 1844, la formación de un banco emisor, el Banco de Barcelona.

Por tanto, desatendidas las órdenes del Gobierno, la acuñación barcelonesa continuó con algunos cambios y un breve período de inactividad durante el bienio de 1841-42.

El pronunciamiento de Espartero determinó relevos en la dirección de la ceca. Se inició un proceso contra Joan Reynals acusado de desfalco, fue juzgado y condenado a pagar una indemnización. Paralelamente, trascendió a la opinión pública que uno de los fundidores había efectuado un fraude consistente en la sustracción de muy pequeñas cantidades y por ello difícilmente detectables, de oro en cada fundición, incidente que se intentó ocultar. Los técnicos que dirigían el establecimiento alegaron que no se había denunciado el hurto porque el autor había confesado los hechos y devuelto la práctica totalidad de la suma desfalcada.

La Diputación de Barcelona decidió denunciar el hecho ante los tribunales y cerrar a partir del 30 de noviembre de 1841 provisionalmente la ceca.
Las diligencias judiciales desarrolladas en los meses siguientes acabaron con una resolución que exculpó al personal directivo de la casa de la moneda. Mientras tanto, la clase mercantil barcelonesa presionó, según F. Peradaltas, para que se reabriese la ceca: 



“El comercio de esta plaza y las muchas familias que reciben socorros de parientes establecidos
en los estados americanos sintieron durante nueve meses los efectos de la paralización
de este establecimiento, no sabiendo dónde colocar favorablemente las monedas que recibían
de aquellos estados, y que pasaban a Marsella ora directamente, ora circulando primero por
manos de agentes que especulaban con la necesidad y con la disposición tan poco premeditada
de cerrar esta casa de moneda...”

La Diputación de Barcelona reabrió la ceca en las mismas condiciones que había funcionado anteriormente con diferente personal. Encargó a Antoni Jordà (residente en
Madrid) la contratación de un técnico cualificado para dirigir el establecimiento, y en junio de 1842 solicitó del gobierno autorización para reemprender las acuñaciones. Pocas semanas después (el 20 de agosto) se reabrió la ceca bajo la dirección técnica de Francesc de P. Salvat, en sustitución de Paradaltas, pero el 17 de diciembre de 1842 quedó nuevamente inactiva a raíz del alzamiento contra Espartero, que acabó con el bombardeo de la capital del Principado.

El desenlace de esta insurrección determinó que el gobierno promulgara otra orden en la que dispuso el cierre de la ceca barcelonesa y el transporte a la capital de toda la maquinaria, herramientas y útiles existentes en el establecimiento.La Diputación acató la orden de cerrar la casa de la moneda, pero incumplió la segunda de las expresadas exigencias a la espera de mejores tiempos. La espera duró poco. En mayo de 1843 se inició la revuelta que provocó la caída de Espartero, y la corporación provincial aprovechó esta coyuntura para reemprender la acuñación monetaria en julio de 1843.






En Barcelona hubo una revuelta muy popular la “jamància”, lo cual implicó que Barcelona volviera a ser asediada y ocupada militarmente el 21 de noviembre de 1843, en esta ocasión, no implicó la paralización de la producción monetaria. Sin embargo, el personal técnico que había dirigido la casa de la moneda durante el bienio de 1842-43 fue despedido, y Francesc Paradaltas volvió a asumir la dirección del establecimiento. En 1844, las presiones del Gobierno para cerrar la ceca barcelonesa se intensificaron, el barón de Meer que fue designado otra vez capitán general del Principado, recibió la orden, según parece, de cerrarla definitivamente. Este militar, que durante la pasada guerra había utilizado los servicios financieros de la ceca, no se mostró nada proclive a cumplir tal mandato y encontró la forma de eludir su ejecución, pactó con la Diputación que ésta financiaría la construcción de la nueva puerta en la muralla de mar a través de los beneficios que se obtenían en la casa de la moneda. Esa transacción posibilitó que en el curso del siguiente trienio, la ceca de Barcelona funcionara con relativa calma después de tantos sobresaltos y convulsiones.





Puerta de la muralla de mar, un testigo privilegiado de la actividad mercantil y los peligros que venían desde el mar.

A partir de 1845 con fondos procedentes de los beneficios obtenidos por la ceca determinó, al parecer, que se autorizara la continuación de las acuñaciones de moneda de oro y de plata durante el tiempo necesario para acabar estas obras. En cualquier caso, por orden de 1 de julio de 1849 se dispuso de nuevo el cierre de la casa de moneda de Barcelona, que tuvo lugar el 20 de agosto.

Ello suscitó que las instituciones económicas y políticas del Principado y los diputados catalanes sobre todo Pascual Madoz y Ángel Villalobos efectuaran gestiones y presionaran en Madrid con objeto de conseguir la reapertura de la ceca barcelonesa. Estas actuaciones culminaron con éxito, puesto que una Real Orden de 7 de mayo de 1850 autorizó el establecimiento de una ceca en Barcelona, pero sin la autonomía de gestión que había tenido durante el período comprendido entre 1836 y 1848. La mencionada orden dispuso que: 1- la ceca de Barcelona estaría bajo control del gobierno y que se limitaría a acuñar moneda de oro y de plata; 2 - los costes de acuñación se financiarían mediante la retención (braceaje) legalmente establecida, y que en caso de generarse déficit, éste sería asumido por la Diputación de Barcelona.



Escudo cedido por el compañero “ Lanzarote”.




Ceca Barcelona 1838




Ceca de Barcelona 1838

Evolución de la acuñación en la moneda de oro y plata.
Valores nominales en pesos fuertes.
AÑO
ORO
PLATA
1837
80.592
37.117,4
1838
621.148
39.467,2
1839
1.060.428
35.011,6
1840
963.936
24.788,4
1841
695.268
115.473,4
1842
377.928
59.519,4
1843
144.012
6.849,8
1844
648.704
24.500,8
1845
909.588
6.844,4
1846
652.828
5.126,6
1847
365.424
5.617,6
1848
121.912
455,6
En el transcurso del segundo semestre de 1844, en esta ceca se ocupaban entre 83 y 90 obreros.

Numero de obreros empleados en el mes de Junio – Septiembre – Diciembre de 1844






JUNIO
SEPTIEMBRE
DICIEMBRE
CILINDROS



-jefe de sección
1
1
1
-fundidor
1
1
1
-recocedor
1
2
2
jefe de limadores
1
1
1
contador de monedas

1
1
-acuñador

1
1
-peones
36
34
32
SECCIÓN DE AFINADOS



Maquinista
1
1
1
Fogonero
1
1
1
Cerrajero
1
1
1
Recortador
1
1
1
Peones
10
11
11
FUNDICIÓN



Fundidor
1
1
1
Suplente
1
1

Amoldadores
9
9
12
Sopladores
2
2

ACUÑACIÓN



encargado
1
1
1
Acuñadores
12
13
8
MAQUINARIA



Limadores
5
4
4
Forjador
1
1
1
tornero
1
1
1
ayudante
1
1
1


El proceso de producción estaba dividido en cinco secciones:

Afinado, en la que trabajaban de 14 a 15 operarios; Fundición, 13; Cilindros, de 39
a 41; Acuñación, de 9 a 14; y mantenimiento de maquinaria, de 7 a 8.
La primera operación consistía en el fundido y afinado de los metales, que se efectuaba mediante el procedimiento de copela, en el caso de la plata y de copela y ácido nítrico en el del oro, los metales afinados se fundían de nuevo a fin de darles la
ley legalmente establecida y de convertirlos en planchas (o rieles), a través de depositar en moldes el metal en estado líquido; dichas planchas se laminaban una vez recalentadas (operación de recocido) para transformarlas en láminas que tenían el grosor aproximado de las monedas, las cuales se cortaban, a continuación, con objeto de obtener los discos o cospeles; estos discos se limaban para ajustarlos al peso establecido para cada una de las monedas, y seguidamente pasaban a la prensa dotada con los troqueles que los acordonaba y estampaba.

“copela”: El procedimiento consistía en afinar el oro y la plata en un vaso de paredes porosas (elaboradas con ceniza de huesos calcinados) que servía para separar los metales nobles de los no nobles. Estos últimos, sometidos a calentamiento hasta el punto de fusión, se oxidan antes, de manera que el óxido de plomo absorbía los metales no nobles y esta amalgama quedaba adherida a las paredes del vaso, y los metales nobles quedaban liberados en estado puro.

El aumento de productividad hacía, pues, indispensable adoptar motores.
Era el caso de la de Barcelona, que desde octubre de 1845 disponía de una pequeña máquina de vapor de 4 CV, arrendada a Manuel Tey y Cía., que contribuyó, sin duda, a conseguir un sensible incremento de la productividad y una apreciable reducción de los costes unitarios de producción. 

La economía de combustible (evitando pérdidas de poder calórico) en la fundición

y afino de los metales era otra cuestión importante para reducir costes. En este sentido, Paradaltas pone de manifiesto la conveniencia de utilizar hornos de reverbero en la fundición de metales, que “pueden alimentarse con leña o carbón mineral, prefiriendo el más hidrogenado. También apuntó que se podría obtener un notable  ahorro si se adoptaba la aleación del oro con cobre en lugar de plata, porque “a más de ser una economía importante, ofrece la ventaja de presentar unas monedas de un color rojizo más hermoso y de una dureza que las hace resistir mucho más tiempo a la frotación”.


Para concluir podemos decir que hasta la promulgación de la reforma monetaria de 1848, la casa de moneda de Barcelona actuó sin tener nunca un reconocimiento legal.


Bibliografia:

La reforma de 1824 y la acuñación de moneda en Barcelona (1836-1848). PERE PASCUAL DOMÈNECH













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